Metapappo

un homenaje a El Carpo

La Nación. Viernes 18/07/2004

El respeto a los grandes maestros

 

El guitarrista presenta esta noche, en El Teatro, su último disco, "Buscando un amor"

 

  • En varios temas de su nuevo álbum, que grabó para Sony, realiza un homenaje a sus maestros del blues
  • Tiene una sección de vientos con arreglos de Javier Malosetti

 
 
 

Pappo dice que piensa tocar esta noche, en El Teatro, todo "Buscando un amor", su último disco, ese donde reverencia a sus maestros y vuelve al mejor blues. "Sí, y en la mitad haré una parte instrumental para separar lo nuevo de lo clásico. Y terminamos con los dos temas que más identifican al disco: «Rock and roll y fiebre» y «Buscando un amor»."

Dice que en las últimas semanas los ensayos "agarraron mecha". Algo así como que los músicos se van prendiendo fuego en eso que mejor hacen y más les gusta: la improvisación. "¿Ensayos?, dos veces por semana ahora. Que es mucho. Además, estamos tocando en vivo los fines de semana." Allí es, aclara, donde las canciones encuentran su forma definitiva.

El secreto del mucho tocar. Así lo hace siempre que puede. Así, apenas llegado a la entrevista, en un salón de la discográfica Sony -que editó su álbum, en sociedad con Red Lojo, la productora que capitanea Jorge "Corcho" Rodríguez-, el primer gesto fue tomar una guitarra que estaba por ahí.

Pappo, o Norberto Napolitano, va esta vez por las suyas. Ni Pappo´s Blues ni Riff. Pappo, a secas, acompañado por Yulie Ruth en bajo, Gustavo "Bolsa" González en batería, Luis Robinson en armónica y Nico Raffetta en teclados; el mismo equipo que lo acompañará en el show de hoy.

Está contento con el álbum. Y quiere defenderlo. "Es que después de varios discos independientes por fin pude grabar bien, con una producción importante que me permitió sonar como quiero. Me costó llegar a esto. Debe ser por la fama de inestable que tengo."

-¿Fama de inestable?

-Sí, que yo siempre que grababa un disco me iba, no apoyaba el lanzamiento. Pero si ves que lo que grabaste está durmiendo en un cajón del escritorio y no lo sacan a la venta ¿qué hacés? Te vas a tocar. Te vas. La cuestión es que ya todos pensaban que no podía rendir, que no había más Pappo, o que sólo había Pappo para zapada y trasnoche, pero no para algo profesional y serio.

Tras la edición de "Pappo y amigos", en 2000, un doble en el que convocó a incontables músicos, pensó en irse del país. "No parecía haber muchas opciones: quedarme acá tocando con mi banda, con shows tipo de entrecasa, o irme a Europa o a los Estados Unidos, donde tengo muchos conocidos, un equipo, una guitarra, una casa y puedo tocar en el circuito de blues. Pero me encontré con Jorge Rodríguez, al que conozco hace mucho, e insistió en que tenía que hacer un disco de blues, de guitarra. Y decidió unir su compañía Red Lojo a Sony para llevar adelante el proyecto."

La producción del álbum incluye una sección de vientos, con arreglos de Javier Malosetti (con la trompeta de Richard Nant y los saxos de Gustavo Musso y Pablo Puntoriero). Vientos al estilo de los Memphis Horn o Sam Cooke. "Sí, como los que usa B. B. King, que están medio olvidados acá. Los usa mucho la música latina, pero no tanto el rock y el blues."

Además, el álbum está dividido en dos partes netamente diferenciadas: la primera tiene los nuevos temas de Pappo y su banda. La segunda, en cambio, mira hacia atrás, a los maestros. A esos que, también, aparecen en el dibujo de la tapa, rodeándolo, como ángeles de la guarda. B. B. King, Stevie Ray Vaughan, Robert Johnson, Muddy Waters, Howling Wolf. "Son los capos del blues, los más grandes, de los que aprendí."

Pappo toma nuevamente la guitarra. La vuelve a dejar. "Es que está desafinada -aclara-, pero es un vicio. En mi casa tengo una guitarra al lado del televisor, otra al lado del teléfono. Por todos lados. Las que más uso son una de lata y la Gibson."

Así fue, dice, casi toda su vida. O lo que se acuerda. "Yo aprendí, como muchos, tocando arriba de los discos. Con el de John Mayall and the Bluesbreakers. Escuchaba un solo, lo paraba con la palanquita de subir la púa, varias veces, hasta que me salía. Así aprendí a tocar, con el sistema de la palanquita."

Pappo parece más maduro. Hasta dice que si no se fue del país fue porque siente que tiene que "devolver todo lo que me ha dado la gente que escucha mi música, que compró mis discos, que vino a los conciertos".

-Hace veinte años no pensabas así.

-No, era un tiro al aire, como fui toda mi vida. Pero cuando pasás los 50 años te das cuenta de que sos un hombre, un adulto y tenés que hacer las cosas de otra manera.

-¿Seguís corriendo en auto?

-Sí, participo de vez en cuando. Si vas a mi taller está lleno de autos de carrera y equipos.

-¿Es una excitación similar a la del escenario?

-Son dos adrenalinas distintas. El escenario es donde mejor la paso, todo es perfecto. Aunque hay que domarlo también, porque implica muchos factores: el arte, el instrumento, la suerte, la iluminación, el sonido, el sonidista, la afinación. Tanto. Tener un escenario que no se caiga es fundamental

-¿Se te cayó alguno?

-Varios. Una vez, en 1973, en la provincia, estábamos tocando en el techo de una casa y se rompió. ¿Querés algo peor que eso?