Diario
Clarín,20/07/2005
Dios existe,Pappo también.
Reportaje de Clarín a Luciano Napolitano.
Llueve en Tigre, en la calle Juncal, a la altura mil
trescientos. Luciano Napolitano acaba de llegar: a bordo de su vieja Volskwagen
sube arando a la vereda, saluda con cortesía agreste e invita a pasar entre
plantas, limoneros y perros mojados que mueven la cola. Pasa por la cocina y le
da un beso a su madre, Gloria. Aparece Gabriela, su novia. Un guiso se cocina
lento. La madre de Gloria, abuela de Luciano, Marie, pregunta si vamos a comer.
"Después abuela. Nosotros vamos a ha cer la entrevista al fondo".
Ahí quedan Gloria, Gabriela y Marie, en la antecocina. Gloria,
bibliotecaria, rubia, fuma un cigarrillo tras otro; Gabriela, estudiante, gorra
de lana, discreto piercing en el labio, revuelve cada tanto la olla; Marie,
también bibliotecaria, lee distante: es escritora, tiene un libro publicado —Angeles
olvidados— y otro casi listo sobre su yerno al que decidió titular,
simplemente, Querido Pappo (Ver La abuela Marie...).
El "fondo" de esa casa humilde y orgullosa es una
prototípica buhardilla de rock and roll. Hay que pasar un garage donde Luciano
guarda con religiosidad la moto Harley Davidson de su padre, subir una
escalerita que da a un entrepiso y llegar hasta una pequeña sala de ensayo en
donde destacan: una batería, guitarras, fotos de mujeres desnudas, un sillón
raído, una lista de cinco temas pegada en la pared, una bandera de Chevrolet,
una bandera de fondo negro de Lovorne, un "trapo" enorme con la
portada de Buscando un amor (el último disco de su padre) y una foto
—una gigantografía— de Pappo en blanco y negro. En ese folclórico ambiente como
de gomería ensaya todas las tardes Lovorne, el trío que completan Guillermo
Rouco (bajo) y Matías Arman (batería). Ahí se dispone a charlar el hombre que
iba en moto con su novia Gabriela a la par de su padre la madrugada del 25 de
febrero de 2005, por la Ruta
5, a la
altura del kilómetro 71, Luján.
Se sabe: Luciano Napolitano es un prodigio genético, un calco
de su padre: esa risotada franca y jurásica en un constante péndulo entre la
ternura más estremecedora y la actitud más satánica y la voz exactamente igual.
Un par de ojos verdes lo distinguen. Ahí está, 30 años, sentado sobre un bafle,
remera negras de Lovorne, pantalones negros, botas negras, fumando, convidando:
"Hablemos, loco. De lo quieras".
¿Cómo estás?
Bien. Bah, estoy para atrás, para atrás, para atrás. Pero tengo
que seguir. El "loco" me lo dijo: "No dejes nunca de tocar. Si
me pasa algo, seguí tocando"
A partir de ahora Norberto Aníbal Napolitano será según su hijo
Luciano Emilio Juan Napolitano, alternativamente, el loco, el viejo, Pappo o el Carpo. A partir de ahora Luciano,
músico, líder de Lovorne, dos discos en la calle, renuente en principio a
hablar de su padre, volverá una y otra vez a él.
Decís que te dijo: "si me pasa algo seguí
tocando". ¿El barajaba la idea de que le iba a pasar algo?
Totalmente. Yo me estaba comprando una guitarra Les Pauls en
cuotas y me decía: "No seas boludo, no pagués más las cuotas. Si a mí me
pasa algo la mía te va a quedar a vos". Fue todo muy raro. Estábamos
atravesando una etapa buenísima con el viejo. Queríamos comprarnos una moto e
ir a Chile y recorrer también la Argentina. Era un proyecto: que sí, que no. Al
final la compré yo. Me decidí por una que me ofrecieron en el Motoclub nuestro,
El as de espadas. Una Kawasaki LTD 454. Pero el
tema era tocar. Estábamos tocando mucho juntos.
¿Qué tocaban?
Habíamos preparado El tren de las 16 y El hombre
suburbano. Nosotros con Lovorne veníamos haciendo Sucio y desprolijo.
Ahora que lo pienso... qué cagada todo... La noche del accidente yo no lo podía
creer. Volví a Luján, me llevó un amigo. Había un concierto previsto. Yo estaba
hecho mierda. Pero me vino la voz de él acá en la nuca: "No dejés de
tocar, no dejés de tocar". A El as de espadas llamaron como 600 personas que querían saber si el recital se hacía
o no. Fui, lo hicimos y fue impresionante. Toda la gente gritando por Pappo. Yo
estaba totalmente sedado.
¿Qué más recordás de esa noche?
Mirá: no dejo de pensar en esa noche. ¿Sabés lo que es que se
te muera tu viejo? Hacé de cuenta que te abandona la mina que vos amás de
verdad y multiplicá por mil. Mi mente vuelve siempre a esa noche. Pero no
quiero hablar. Sí te puedo decir que es mentira que nos tomamos tres litros de
vino. Esa parrillero de la ruta que boqueó es un boludo y todos mis amigos y
todos los fans de Pappo lo quieren cagar a trompadas. Se tuvo que afeitar la
cabeza y las cejas para que no lo reconocieran.
¿Cómo fue entonces?
Tomamos una jarra chica y una grande y con soda. Habrá sido un
litro en total y éramos tres. También estaba Gaby, mi novia. Escuchame: mi viejo
no estaba tomando mucho. En su época alcohólica se podía clavar dos botellas de
whisky en un día. Así que cultura alcohólica tenía. Esa noche terminamos de
comer y mi viejo la quería seguir. Yo le dije: No, todo bien, pero
me voy a dormir. El loco quería ir a un cabaret. Salimos y
a los cinco minutos nos pegamos el palo.
Asoma al entrepiso Gabriela y ofrece café o cerveza. En la
cocina los Lovornes Guillermo Rouco y Matías Arman dan cuenta del guiso.
"Esa es mi familia. Ellos, mi vieja, mi abuela, Gonzalo, Pepino, el
Narigón que nos hace de plomo, Pepo, que hace de chofer. Ellos. Después, no me
importa nada. Lamentablemente mi viejo estaba rodeado de garcas".
¿Por qué?
No los voy a nombrar. La cosa es que vaciaron la sala de ensayo
de Paternal. Es un tema privado. Lo único que voy a decir es que el hijo del
más grande guitarrista del rock and roll argentino entró a la sala de ensayo y
se encontró con esta viola que, sin desmerecer, es una nacional imitación Les
Pauls. Nada más. Se llevaron todo. La flecha la
recuperé de pedo, porque estaba en lo de un luthier. Mi viejo tenía dos amigos
de verdad: el Rata, de Rosario, que me llamó y me dijo: Tengo un
disco de oro y una consola Yamaha, cuando quieras son tuyas. Y el señor Corcho Rodríguez, que me dijo: Tengo una
guitarra de tu viejo. Es una Fernández que anda por ahí.
¿No querés decir quiénes fueron?
No quiero mandar al frente a nadie. Lo que te digo es que el
loco era, es y va a ser un gran guerrero y usaba sus armas. Yo voy a continuar
su batalla con esas armas, porque sé usarlas. El está arriba, observando y
manejando la mente de toda esa gente. Porque Dios existe y Pappo también.
La lista de temas de Lovorne está escrita con fibra negra. La
primera canción es Sexo, fierros y rock and roll; la última, Ira y
dolor. "Esta la escribí anteayer. Le estamos dando forma. Tenemos
apenas siete temas. Cuando tengamos cincuenta se los muestro a nuestros
productores".
¿Productores?
Sí, bah, los amigos: Juanse, Chizzo de La Renga, el Bolsa González,
Botafogo. Ellos me dicen: Esto es una mierda, esto es una masa. Juanse es el más crítico y me ayuda mucho con algunos yeites en la
guitarra. A Chizzo le gusta todo. Para él todo lo que hacemos es buenísimo.
Lovorne se presenta este viernes en Buenos Aires en CBGB y el
sábado en Paraná, Entre Ríos. "Tengo las pilas puestas en la banda. Sigo.
Si no me tengo que pegar un tiro. ¿Vos sabés la racha de la que vengo? En
cuatro años a mí se me murió mi primo andando en moto, se me murió mi abuelo,
se me murió mi tía de cáncer por fumar... en mi brazos prácticamente. Después
lo de Pappo, haber estado juntos hasta el final... Trato de estar bien. No
chupo más, estoy tocando. Algunos me preguntan por qué no voy a un psicólogo.
Hasta mi novia me lo pide. Pero ni en pedo. ¡Cómo le voy a contar mis cosas a
un extraño! ¡Y encima pagarle! Mi viejo se pegó un palo con una Ducati en el
autódromo a 175
kilómetros por hora, se cayó en una curva y se arrastró
como 300 metros;
después se pegó aquel palo grande en Córdoba... Bueno, me tocó estar a mí con
él en el accidente de Luján. Me quedan un montón de historias. Recuerdos. El
loco era un grande, era un tipo increíble. El loco no era mi viejo. Era mi
hermano".